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¿Dónde está el que puede darme la respuesta satisfactoria a los anhelos del corazón?

"Haced fructificar los dones que Dios os ha regalado en la juventud"

(Benedicto XVI, encuentro con jóvenes en Brindisi, Italia, el 14 de junio de 2008)

Propósito de la carta

1. El 25 de mayo de 2010, durante el encuentro preparatorio para XXV JMJ en la plaza de San Pedro, una joven exclamó ante el Santo Padre, después de haber escuchado en la lectura evangélica la pregunta del joven rico a Jesús -"Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?" -: "Yo no sé que es la vida eterna. No logro imaginarla, pero sé una cosa: que no quiero desperdiciar mi vida, quiero vivirla a fondo y no yo sola. Tengo miedo de que esto no suceda así, tengo miedo de pensar sólo en mí misma, de equivocarme en todo y de encontrarme sin una meta que alcanzar, viviendo al día. ¿Es posible hacer de mi vida algo hermoso y grande?".

2. He aquí una buena descripción de la situación vital que viven tantísimos de nuestros jóvenes, incluso los que se acercan por nuestras comunidades cristianas y tantos otros que, con cierta inquietud, desean vivir con fuerza los años de la juventud y no encuentran apoyo, ayuda, personas que les acompañen, testigos de Jesucristo dispuestos a caminar con ellos en esta etapa decisiva de la vida humana que es la juventud.

3. Interesa, pues, conocer las palabras ponderadas del Papa para responder a la joven que preguntaba en esta ocasión a Su Santidad. Benedicto XVI apunta hacia propuestas sugestivas, que no son teóricas. Algo de esto quisiera yo mostraros a vosotros, sacerdotes y cuantos ayudáis a los jóvenes a vivir su fe en parroquias y grupos o proponéis la fe en Jesucristo en momentos de encuentro esporádicos con jóvenes. Lo esencial de la vida eterna, es decir, de la vida verdadera lo describía esta joven ante el Santo Padre: no desperdiciar la vida, vivirla en profundidad, no vivir para uno mismo, no vivir al día, sino vivir realmente la vida en su riqueza y en su totalidad.

Pero la gran pregunta es: ¿Cómo hacerlo? Esta es la gran prueba para las comunidades cristianas, empezando por la primera de ellas que es la familia y, tras ella, la parroquia o el grupo cristiano o movimiento apostólico. Hay que responder teórica y prácticamente a la pregunta que tantos jóvenes nos hacen o pueden hacernos: ¿"Dónde está el que puede darme la respuesta satisfactoria a los anhelos del corazón"? La cuestión del sentido, de la felicidad no debería nunca evitarse cuando se trata de la vida del joven, como, por otro lado, de cualquier humano. El proyecto, pastoral, pues, que nuestra Iglesia de Toledo pueda ofrecer al joven concreto tiene que ver con conocer a Dios y saber que su vida no existe por casualidad, no es una casualidad. Dios ha querido mi vida. Soy amado, soy necesario. Dios tiene un proyecto para mí en la totalidad de la historia; tiene un proyecto precisamente para mí.

4. Esta carta va dirigida, pues, a toda la comunidad cristiana de Toledo. Lo cual significa que estoy pensando en responsables eclesiales, (sacerdotes, religiosos, educadores, profesores cristianos),  en parroquias y movimientos apostólicos eclesiales; pero, antes, en padres y madres de familia, sin olvidar a cuantos fieles laicos que están preocupados por la marcha de la vida eclesial. Tampoco olvido a los miembros de la vida consagrada, pensando igualmente en las monjas contemplativas. Y, por supuesto, en catequistas y otros educadores de la fe.

5. Recuerdo que, ya en el curso pastoral 2009-2010 vimos la conveniencia, una vez terminado el anterior Plan Pastoral Diocesano, de dedicar estos dos primeros cursos pastorales como vuestro obispo a objetivos concretos: año sacerdotal en el que tuvo lugar la beatificación del Cardenal Sancha y la Eucaristía y jóvenes con motivo del X Congreso Eucarístico Nacional para el curso 2009-2010. Se trataba de orar por los sacerdotes y su ministerio, para que fuéramos santos ministros de Cristo; también de vivir con nuevo vigor la Eucaristía que nos dejó el Señor, la adoración de la presencia real de Cristo, tan cerca de nuestras preocupaciones, alegrías y tristezas.

Para este, curso pastoral 2010-2011 los objetivos son también precisos: publicar el Directorio Diocesano para los sacramentos de Iniciación Cristiana y aprovechar el tiempo de gracia que supone que se celebre en Madrid la JMJ 2011 para trabajar en pastoral de juventud. La carta, sin embargo, se ocupará en su casi totalidad de este segundo objetivo. La razón está en que el primer objetivo ha sido trabajado ya por el obispo con su Consejo Episcopal; por una comisión creada para este tema ya en tiempos del Cardenal Cañizares, y por los Consejos del Presbiterio y de Pastoral recientemente renovados.

 

I. Centralidad del trabajo apostólico con jóvenes

6. En cada comunidad cristiana ha de haber una preocupación a la hora de programar la tarea pastoral: un trabajo apostólico con jóvenes, y aún con adolescentes. Parroquias, grupos apostólicos y movimientos han de trabajar juntos en la misma dirección, aunque puedan, cómo no, seguir diferentes maneras de hacerlo. Se trata de abordar con decisión una tarea apostólica nueva con jóvenes y adolescentes, que viven en un contexto muy concreto en el que, con mayor dificultad que en el pasado, la fe decide su vida, su actuación, su ocio, sus preocupaciones básicas y sus decisiones vitales. A ello se une la resistencia que encuentra la fe de nuestros jóvenes para tener una presencia pública en una cultura dominante que, de hecho, no acepta el Evangelio de Jesucristo y la actuación de la Iglesia.

7. Hay que analizar con realismo, pero desde la esperanza, la pérdida de religiosidad de los jóvenes españoles, como muestran muchos estudios sociológicos. Nosotros no podemos quedarnos, sin embargo, en "lo que hay"; queremos trabajar en "lo que debe ser" este campo de la acción pastoral de la Iglesia en el mundo de los jóvenes. "No se trata de esconder la realidad, sino de trabajar con seriedad y profundidad de cara al futuro (.) El futuro es esperanzador, pero exige trabajar sin complejos y con madurez cristiana. La evangelización de los jóvenes es tarea que compete a toda la comunidad cristiana según el servicio o función que le corresponde a cada uno en la Iglesia de Jesucristo" (Comisión Episcopal de Apostolado Seglar. Departamento de Juventud, Jóvenes en la Iglesia. Cristianos en el mundo en el tercer milenio (Proyecto marco de Pastoral de Juventud)), Madrid 2006.

8. No partimos de cero. Ahí está la realidad hermosa de tantos jóvenes católicos, cuya vida de fe ha ido creciendo en los hogares cristianos, en colegios y parroquias, en movimientos y grupos apostólicos. Contamos con nuestro Secretariado de Pastoral Juvenil de la Delegación de Apostolado Seglar, que ya ha elaborado un plan pastoral para el Año de la Juventud (2010-2011), cuya lectura y asimilación es necesaria, con un interesante itinerario para este curso pastoral y sus objetivos concretos. Hemos aludido ya a ese Proyecto Marco de Pastoral Juvenil, del Departamento de Juventud de la CEAS, un esfuerzo de reflexión en el que tantos educadores, tantos testigos y acompañantes de la fe de los jóvenes han trabajado en toda España a lo largo de muchos años.

9. No se trata, sin embargo, de olvidar ni las grandes acciones de la Iglesia ni de descuidar otros campos del apostolado de los cristianos, como son, entre otros, la familia, la atención a la vida, la caridad o la catequesis; pero es preciso poner de relieve -repito e insisto- en cada comunidad cristiana la evangelización de adolescentes y jóvenes como prioridad pastoral, proponiéndose como meta la creación de unas estructuras básicas y mínimas de pastoral de juventud, para que los jóvenes católicos puedan encontrarse con Jesucristo y crecer en su fe en una sociedad que facilita poco o para nada esta preocupación de los grandes temas de la vida de un joven, que la fe católica debe proponer.

¿Tarea fácil? No. ¿Posible? Sin duda. Ciertamente puede ser que muchos sacerdotes o fieles laicos viendo la realidad pastoral de sus parroquias o movimientos piensen, de antemano, que entre ellos esta tarea con jóvenes y adolescentes es, en la práctica, muy difícil, casi imposible, porque las parroquias son pequeñas o las asociaciones de fieles laicos poco atractivas. Únanse, en este caso, en ámbitos más amplios, como son los arciprestazgos o movimientos apostólicos. Todo menos quedarse cruzados de brazos. He vivido la dificultad de trabajar con jóvenes en mis tres anteriores Diócesis, con parroquias rurales mucho más pequeñas y muchos menos sacerdotes, sobre todo jóvenes. Creo que es el momento de pensar en lo esencial y dejarse de cuestiones y problemas un tanto irreales que a veces nos planteamos los católicos; también entre los sacerdotes. La vida cristiana de los fieles, su encuentro con Jesucristo, no depende, sin duda, sólo y exclusivamente de proyectos pastorales muy perfilados, pero sí depende de oración, trabajo, dedicación y preocupación por ofrecer posibilidades. El Santo Cura de Ars también tenía estas preocupaciones y creó posibilidades pastorales en su parroquia.

 

II. Retos y posibilidades en la pastoral juvenil

10. No cabe duda. Tenemos en el campo de la pastoral juvenil nuevos desafíos que requieren respuestas oportunas. Cada nueva generación de jóvenes nos obliga, de alguna manera, a comprobar nuestra capacidad de mostrar a los jóvenes diferentes y nuevas propuestas de vida. Así nos lo ha enseñado las JMJ, las peregrinaciones a Guadalupe o Santiago: se necesita una nueva generación de agentes de pastoral, que sean persuasivos y auténticos testigos de Cristo y de su Evangelio. También aquí se aplica en este caso la regla evangélica que para el vino nuevo se necesitan odres nuevos (cf. Mt. 9, 17). ¡Cuántos cambios se han realizado en la vida de los jóvenes! ¡Cuántos descubrimientos importantes han hecho! ¿Acaso no han descubierto a Cristo como Camino, Verdad y Vida? ¿No es real el descubrimiento en tantos de la Iglesia como madre y maestra, y como "compañía de amigos" (Benedicto XVI), que sostiene en el camino de la existencia? ¿No han visto al sucesor de Pedro más como guía seguro y amigo en quien confiarse y menos como un líder de una causa pasada de moda que no permite expandir la libertad y la alegría de la vida? Preguntad a los 200 jóvenes que en el 2009 peregrinaron a Roma y se encontraron con el Papa; o a los casi 800 jóvenes que han peregrinado a Compostela en este Año Santo.

11. "¡La Iglesia tiene tantas cosas que decir a los jóvenes, y los jóvenes tantas cosas que decir a la Iglesia!", observó Juan Pablo II, en su exhortación Los fieles laicos, n. 46. Desechemos el derrotismo: se puede evangelizar el mundo de los jóvenes y sus personas. Eso sí, los jóvenes han de sentirse acompañados por la Iglesia concreta, y que forman parte de sus preocupaciones, esperanzas y aspiraciones, comunicando la certeza que es Cristo, la verdad que es Cristo, el amor que es Cristo; a través de una apropiada formación, que en opinión del mismo Papa, es la forma necesaria y actual de evangelización. A la luz del camino que la Iglesia ha hecho en estos 25 últimos años, con el fenómeno singular de las JMJ, creo que se puede hablar de tres opciones "estratégicas" en pastoral juvenil. Así lo subrayó el Cardenal S. Rylko, en su discurso a la Plenaria de los obispos españoles en abril de 2010.

12. La primera se refiere a los jóvenes como tal. Hay que seguir el ejemplo de Juan Pablo II: Él apostó por los jóvenes. "Vosotros sois el futuro del mundo, la esperanza de la Iglesia. Vosotros sois mi esperanza", dijo al inicio de su pontificado en 1978. El vio en los jóvenes un camino especial para la Iglesia. La "juventud" de los jóvenes no es algo sólo para ellos; es un bien especial de todos. Un bien de la humanidad misma (cfr. Carta a los jóvenes del mundo, 1985) En los jóvenes encuentra la Iglesia sin cesar la capacidad de asombro ante el misterio y el entusiasmo que nos lleva a objetivos siempre nuevos. "Tenemos necesidad del entusiasmo de los jóvenes; de la alegría de vivir que tienen los jóvenes. En ella se refleja algo de la alegría original que Dios tuvo al crear al hombre. Esta alegría es la que experimentan los jóvenes en sí misma. Es igual en cada lugar, pero es también siempre nueva, original" (Juan Pablo II, Cruzando el Umbral de la Esperanza, Barcelona 1994, p. 134).

Nada teme más la cultura dominante que la alegría vital que tiene la vida joven de los seguidores y discípulos de Cristo. Karol Woytyla nunca dudó de los jóvenes, incluso en años difíciles. El siempre pensó que en los jóvenes hay un inmenso potencial de bien, y de potencialidades creativas.

A ellos corresponde la difícil, pero excitante tarea de transformar los "mecanismos" fundamentales que, en las relaciones entre individuos y naciones favorecen el egoísmo y el abuso, y a hacer nacer estructuras nuevas inspiradas en la verdad, en la solidaridad y en la paz, se atrevió a decir Juan Pablo II en la bendición pascual "urbi et orbi" de 1985. Aprendamos de estas propuestas dirigidas a nuestros jóvenes y abramos su mundo a proyectos ilusionantes que nuestra sociedad es incapaz de proponer.

13. La segunda opción "estratégica" es el modo elegido para dialogar con los jóvenes y anunciarles a Jesucristo. No aceptan en general los jóvenes que "les demos la charla". Necesitan otra cosa: atención personal, un pequeño grupo que da estabilidad y, paradójicamente, encuentros masivos, como son las peregrinaciones o los encuentros de las JMJ. ¿Cuál es la razón de esta última modalidad? Somos un pueblo convocado por Jesucristo en el Espíritu Santo. No somos masa, sino Iglesia. Alguien ha hablado de la fascinación de un encuentro masivo; en él, al mismo tiempo que cada uno se siente atraído por momentos de efusión colectiva, es capaz en el joven de mantener viva su pregunta personal por el sentido de su vida, que exige ser interpretado y reconocido personalmente. Un encuentro, pues, masivo, pero no de masificación. Para los jóvenes cristianos de hoy, que a menudo se encuentran viviendo la fe en soledad, es una experiencia de extraordinaria importancia el encuentro masivo, una "fuente de ánimo".  La JMJ, Madrid 2011 puede alimentar en ellos la conciencia de ser parte integrante de la Iglesia, y hacerles sentir que son protagonista de su vida, apoyado en la certeza de no estar solos. En la fascinadora experiencia se saberse miembro de la Iglesia universal. Os digo en verdad que los jóvenes no se sienten incómodos manifestando públicamente su fe, pues les recuerda que el hecho religioso es un hecho social que no se puede reducir a la vida primada.

14. Indudablemente el encuentro singular de los jóvenes en la JMJ Madrid 2011 no es una realidad que basta por sí sola. Debe estar orgánicamente integrada en la pastoral juvenil ordinaria, entendida ésta como un esfuerzo paciente y perseverante de iniciación cristiana y de educación de las nuevas generaciones en la fe. Detrás de cada JMJ debe existir siempre un trabajo pastoral en la Diócesis y parroquias, en asociaciones y movimientos apostólicos. La continuidad debe igualmente ayudar a "definir" los contenidos de los encuentros masivos para que sirvan de alimento para la vida de los jóvenes. "La calidad de nuestro encuentro -acaba de decir el Santo Padre en su Mensaje para JMJ Madrid 2011- dependerás, sobre todo, de la preparación espiritual, de la oración, de la escucha en común de la palabra de Dios y del apoyo recíproco".

15. Una tercera opción estratégica en pastoral de Juventud no se adecua bien con un discurso religiosamente correcto: en el centro de la esta actividad pastoral está la Cruz de Cristo, el corazón del misterio pascual, esto es, su muerte y resurrección. Si pretendiéramos únicamente encontrar elementos o buscar adeptos, actuaríamos de otra manera. Se entrega a los jóvenes la cruz porque es a Jesucristo a quienes los jóvenes tienen que buscar, y al Señor se le encuentra sobre todo en el corazón. No pretendemos, pues, halagar. "Cristo es exigente con sus discípulos -decía Juan Pablo II poco antes de su muerte-, y la Iglesia no duda en volver a proponeros también a vosotros su Evangelio "sin descuentos". Los que quieren seguir al divino Maestro abrazan con amor su cruz, que lleva a la plenitud de la vida y de la felicidad (.) Proseguid sin cansaros el camino emprendido para ser por doquier testigos de la cruz gloriosa de Cristo. ¡No tengáis miedo! Que la alegría del Señor, crucificado y resucitado, sea vuestra fuerza, y que María Santísima esté siempre a vuestro lado".

16. Pienso, por todo ello, que nuestro trabajo de evangelización y apostolado con jóvenes es una saludable provocación. Como en cada época, también los jóvenes de hoy quieren ser ellos mismos, desean afirmar su propia identidad, y buscar razones para vivir. Si son motivados de modo adecuado, son capaces de vivir con generosidad, solidaridad y dedicación. Es verdad que, a diferencia del pasado, tienen menos puntos de referencia y menor sentido de pertenencia. También se puede hablar de mayor individualismo y que exigen el derecho de construir su vida prescindiendo de valores y normas comúnmente aceptadas. Son también menos permeables a las influencias ideológicas  que éramos en el pasado, también porque nuestra sociedad cultiva la duda, la inmadurez que lleva a una prolongación de la adolescencia y a la falta de compromisos definitivos en el matrimonio, el sacerdocio y la vida religiosa.

No es necesario extender la descripción de las características sociológicas de los jóvenes actuales. Están bien expuestas en el Proyecto Marco de Pastoral de Juventud de la CEAS. Hay que tenerlas en cuenta, pero no hasta el punto de que nos lleven a tener miedo de ofrecer a los jóvenes opciones y actitudes que pueden considerarse que van "contracorriente", pero que son capaces de responder a su sed espiritual y a la búsqueda del significado de la vida. Eso sería falta de valentía y no rebelarse ante las propuestas de comportamientos que "necesariamente" nos imponen hoy desde poder mediático, político o consumista.

17. Me atrevo, pues, a proponer prioridades pastorales en este curso especial en que estamos de cara a los jóvenes. Sólo voy a perfilarlas, pues toca a cada comunidad cristiana precisarlas en su ámbito de actuación.

18. 1ª prioridad pastoral. En primer lugar, el centro de cada acción evangelizadora en pastoral juvenil debe ser la persona de Jesucristo. Parece lógica, pero a veces nos cuesta tenerla clara.

"No nos satisface ciertamente la ingenua convicción de que haya un fórmula mágica para los grandes desafíos de nuestro tiempo. No, no será una fórmula lo que nos salve, pero sí una persona y la certeza que ella nos infunde: ¡Yo estoy con vosotros"! (Juan Pablo II, NMI, 29), había escrito el Papa Woytila. Idea que recalcó Benedicto XVI de manera precisa y preciosa: "No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva" (Deus caritas est, n. 1)

19. La misión propia de los que evangelizan y acompañan a los jóvenes es anunciarles a Jesucristo, precisamente porque estamos convencidos que "quien deja entrar a Cristo no pierde nada, absolutamente nada, de lo que lo que hace la vida libre, bella y grande ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida" (palabras de Benedicto XVI en la homilía del inicio de su ministerio petrino, abril de 2005). Y los jóvenes esperan sobre todo esto. No aceptan moralismos ni están dispuestos a dejarse suministrar píldoras de pseudosabiduría humana o réplicas de los doctos discursos socio-culturales tan en boga en nuestra sociedad.

Cristo no debe ser nunca una excusa para hablar a los jóvenes de otra cosa, de cosas que se me puedan ser más interesantes y atractivas para ellos. En el apostolado con jóvenes, y también en la pastoral vocacional al sacerdocio, se trata siempre de ayudar a cada joven a encontrarse con Cristo Redentor. En este campo específico, las parroquias, los carismas de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades han de crear, si ya no los tienen, itinerarios pedagógicos que sin duda tendrán una extraordinaria fuerza persuasiva. No es tiempo de avergonzarse del Evangelio (cf. Rom. 1, 16) Es tiempo de predicarlo hasta desde los tejados (cf. Mt. 10, 27). Y no hay que tener miedo a romper con los estilos de vida confortables; rutinarios, que impiden encontrarse al joven con Jesucristo personalmente. Además, ¿hemos pensado que el encuentro personal con Jesús vivo es la mejor forma de conocer y encontrarse con si Iglesia como realidad vida y salvadora? Nadie, cristiano o no, se hace bueno solo. La virtud requiere, por otro lado, para su desarrollo el trabajo de un tipo concreto de comunidad cuyas prácticas sociales conforman la vida de sus miembros; requiere, pues, la virtud para su desarrollo y para su sostenimiento una comunidad compuesta por grupos de amigos empeñados en instruirse unos por los otros para vivir bien. ¿Acaso sería distinto en la Iglesia, comunidad de Cristo Salvador? Introducirse en una práctica, es iniciar una relación y, en el caso de la Iglesia, no sólo con los contemporáneos que la observan, sino también con aquellos cuyos lazos extendieron el alcance de esa práctica hasta el momento presente. Esta realidad y su tejido social han sido destruidos en España y Europa por una cultura egocéntrica, egoísta e individualista.

20. Una cosa es que Dios obre en nosotros sin nosotros, para darnos la vida resucitada de Jesucristo y las virtudes morales y teologales, y otro el abandono de la centralidad de las prácticas de nuestra religión para la formación de la personalidad cristiana de nuestros jóvenes. Basta ya de romanticismo en la práctica de la fe, como si ésta no tuviera importancia. En otras palabras, la Iglesia es una comunidad de tradición mediante cuyas prácticas se desarrollan las virtudes cristianas. Y a través de su participación regular en la liturgia de la Iglesia, que es el culto público ritual de la comunidad reunida, los cristianos (también los adolescentes y jóvenes) entran en esas relaciones que los entrenan y los capacitan para vivir bien como Cuerpo de Cristo. Se explica de este modo la exhortación que Benedicto XVI dirige muchas veces a los jóvenes: "¡Amad a nuestras comunidades cristianas, no tengáis miedo a comprometeros, a vivir juntos la experiencia de fe! Quered mucho a la Iglesia; ¡os ha dado la fe, os ha permitido conocer a Cristo! Y quered mucho a vuestro obispo, a vuestro sacerdotes". La Iglesia, que lógicamente es más que el obispo y los sacerdotes, es siempre concreta y real. Y, si se entiende bien la expresión, "carnal", no "espiritual".

21. 2ª prioridad pastoral: ayudar a los jóvenes a descubrir la racionalidad de la fe y su belleza. Se puede afirmar hoy que es el Papa Ratzinger quien ha subrayado más la necesidad de un diálogo entre fe y razón como algo fundamental en la vida del cristiano.

Merece la pena leer lo que dijo él al respecto a los cristianos de la Diócesis de Roma, reunidos en un consejo eclesial en 2006. "El deseo de la verdad pertenece a la naturaleza misma del hombre. Por eso, en la educación de las nuevas generaciones, ciertamente no puede evitarse la cuestión de la verdad; más aún, debe ocupar un lugar central. En efecto, al interrogarnos por la verdad ensanchamos el horizonte de nuestra racionalidad, comenzando a liberar la razón de los límites demasiado estrechos dentro de los cuales queda confinada cuando se considera racional sólo lo que puede ser objeto de experimento y cálculo. Es precisamente aquí donde tiene lugar el encuentro de la razón con la fe (.); el diálogo entre fe y razón, si se realiza con sinceridad y rigor, brinda la posibilidad de percibir de modo más eficaz y convincente la racionalidad de la fe en Dios".

22. Muy necesario es tener en el fondo del corazón esta convicción: Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio de Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con El. En la JMJ Colonia 2005, el Papa, al preguntarle qué le gustaría transmitir de manera especial a los jóvenes que estaban llegando, respondió: "¡Me gustaría convencer a estos jóvenes de que ser cristiano es hermoso!". Pues, eso mismo queremos nosotros: nuestros muchachos, adolescentes y jóvenes, necesitan vivir la fe como alegría, gustar la serenidad profunda que brota del encuentro con el Señor. La fuente de la alegría cristiana es esa certeza de ser amados por Dios.

23. Por ahí va el Papa cuando habla a los jóvenes. Un tanto alejado de lo que esa modernidad miope e incapaz de entender la fe en Jesucristo y que describe como fe cristiana o religión de los que creen: un conjunto de prohibiciones que restringe la libertad y el deseo de felicidad. El Evangelio, por el contrario, es un programa totalmente positivo. Más aún, fascinante. El Evangelio nos describe un horizonte apasionante por el que merece la pena jugarse la vida. En la presentación de lo que es el Evangelio, el "programa de Cristo" nos jugamos mucho, queridos hermanos, bien si presentamos con toda su fuerza ilusionante, que no ilusoria, o, por contrario, nos quedamos en un "deber" o "no deber".

24. He aquí, pues, el reto fundamental de la pastoral juvenil: la capacidad de revelar a los jóvenes el rostro de Cristo y su Evangelio, la capacidad de convencerlos de que vale la pena apostar por Cristo, y de convencerlos de que ser cristiano es hermoso. Si el joven que se acerca a Cristo -y normalmente esto se hace por la mediación de lo que formamos la Iglesia-, y pregunta "¿Qué tengo que hacer?" "¿Cómo puede ser mi  vida, de modo que tenga ésta pleno valor y pleno sentido?"; si sigue preguntado: ¿Qué quiere Dios de mí?" "¿Cuál es su voluntad?", no podemos contestarle con vaguedades, objetivos descoloridos y ambigüedades, con un "ir tirando". El Papa Benedicto es claro: Estamos llamados a la eternidad. Dios nos ha creado para estar con Él, para siempre. "Esto os ayudará a dar un sentido pleno a nuestras opciones y a dar calidad a vuestra existencia".

25. Merece la pena recordar el horizonte que Benedicto XVI mostraba a los jóvenes en el mensaje para la XXV JMJ, en febrero de 2010:

  "Jesús le recuerda al joven rico los diez mandamiento, como condición necesaria para "heredar la vida eterna". Son un punto de vista esencial para vivir en el amor, para distinguir claramente entre el bien y el mal, y construir un proyecto de vida sólido y duradero.

Jesús os pregunta también a vosotros, si conocéis los mandamientos, si os preocupáis de formar vuestra conciencia según la ley divina y si los ponéis en práctica.

Es verdad, se trata de preguntas que van contra corriente respecto a la mentalidad actual que propone una libertad desvinculada de valores, de reglas, de normas objetivas, y que invita a rechazar todo lo que suponga un límite a los deseos momentáneos. Pero este tipo de propuesta, en lugar de conducir a la verdadera libertad, lleva a la persona a ser esclava de sí misma, de sus deseos inmediatos, de los ídolos como el poder, el dinero, el placer desenfrenado y las seducciones del mundo, haciéndola incapaz de seguir su innata vocación al amor (.).

Quien vive hoy la condición juvenil tiene que afrontar muchos problemas derivados de la falta de trabajo, de falta de referentes e ideales ciertos y de perspectivas concretas para el futuro. A veces se puede tener la sensación de impotencia frente a las crisis y a las desorientaciones actuales. A pesar de las dificultades, ¡no os desaniméis, ni renunciéis a vuestros sueños! (.) El futuro está en las manos de quienes saben buscar y encontrar razones fuertes de vida y de esperanza (.)

En mi reciente carta encíclica -Caritas in veritate- sobre el desarrollo humano integral, he enumerado algunos grandes retos actuales, que son urgentes y esenciales para la vida de este mundo: el uso de los recursos de la tierra y el respeto por la ecología, la justa distribución de los viene y el control  de los mecanismos financieros, la solidaridad con los países pobres en el ámbito de la familia humana, la lucha contra el hambre en el mundo, la promoción de la dignidad del trabajo humano, el servicio de la cultura de la vida, la construcción de la paz entre los pueblos, el diálogo interreligioso, el buen uso de los medios de comunicación social (.)

Son retos a los que estáis llamados a responder para construir un mundo más justo y fraterno. Son retos que requiere un proyecto de vida exigente y apasionante, en el que emplear toda vuestra riqueza según el designio que Dios tiene para cada uno de vosotros.

26. La 3ª prioridad de pastoral juvenil tiene que ver con la búsqueda del sentido último de la vida de cada joven. En un plan pastoral para los jóvenes, siempre hay que conceder una importancia primordial a la concepción de la vida como vocación. Hace ya muchos años que escribía Juan Pablo II: "En este contexto el proyecto (de vida) adquiere el significado de 'vocación de vida', como algo que es confiado al ser humano por Dios como tarea. Una persona joven, al entrar en sí y a la vez al iniciar el coloquio con Cristo en la oración deseo casi leer aquel pensamiento eterno que Dios Creador y Padre tiene con ella" (Juan Pablo II, Carta a los jóvenes, n. 9).

Olvidar esta perspectiva trae malas consecuencias para una pastoral en clave vocaciones, también en la pastoral vocacional al sacerdocio ministerial.

27. Vivir la vida cristiana significa vivirla en la perspectiva de la entrega. Por tanto, debemos ayudar a los adolescentes y jóvenes a descubrir la dimensión de la vida como un don que no se debe desperdiciar, sino vivir de manera responsable delante de Aquél del cual proviene. Se trata de ofrecer a los jóvenes la propuesta de saber hacer de la existencia un don para los demás, y no ceder a la tentación del egoísmo y el individualismo exasperado actualmente dictado por la cultura dominante. Se trata, pues, de dar a los jóvenes la capacidad de tomar decisiones vocacionales, opciones de vida, sean orientadas al sacerdocio, a la vida consagrada, o al matrimonio cristiano.

28. Por último, el último pilar del proyecto pastoral tiene que ver con los responsables de la pastoral juvenil, esto es, el educador en la fe, sea sacerdote, religioso o laico. Ha de tener éste un conocimiento profundo de la esencia y de la importancia de la juventud en la vida de cada persona, y nunca perderla de vista. No se puede improvisar, aunque el Espíritu Santo nos proporcione caminos inesperados. Hemos hablado de no aceptar sin más la situación en la que vive una mayoría de jóvenes, y como deberíamos atrevernos a indicar el "deber ser", el proyecto de Dios. Pero ello no significa que despreciemos conocer a fondo las características que tiene hoy un joven. Debemos amar lo que es esencial para la juventud. Sólo aquéllos que hayan desarrollado esa sensibilidad especial podrán trabajar con pasión con los jóvenes, sin escatimar esfuerzos, poniendo a disposición de los jóvenes todas sus energías, buscándolos por todos los medios posibles, acompañándolos como educadores, y, como amigos, escuchándolos.

29. El conocimiento del ser de los jóvenes en la labor pastoral debe ir acompañado por el reconocimiento del deseo de auto-afirmación que todo joven tiene en su interior. Esto significa caridad pastoral, esperanza, confianza. Porque si no existe una relación de confianza no se puede establecer una verdadera relación educativa. El deseo de afirmación, sin embargo, no debe ser entendido como una legitimación de todo, sin excepciones. Los jóvenes no quieren eso: también están dispuestos a ser reprendidos, quieren que se les diga si o no y que no se diluyan las exigencias del Evangelio, adaptándolos a modas pasajeras o ideología antiguas y nuevas. Nunca se debe tener miedo de anunciar el Evangelio a los jóvenes en toda su integridad, sin reducciones ambiguas.

30. El Secretariado de Pastoral Juvenil, con el lema Jóvenes arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe (Cf. Col. 2, 7), ha elaborado cuatro objetivos concretos y un proyecto con un área formativa-espiritual. Es un todo que debe tenerse como referencia para este curso pastoral que culminará con la JMJ  Madrid 2011. Es una tarea ilusionante que contiene convocatorias concretas: Encuentro de voluntarios jóvenes católicos, peregrinación a Guadalupe, actividades en arciprestazgos y parroquias con adolescentes, la visita de la Cruz y el Icono de la Virgen de las JMJ, etc., etc. Los Días de las Diócesis, antes del gran encuentro mundial del Papa con los jóvenes en Madrid 2011, son sin duda un gran reto de cuál es nuestra realidad de familias y jóvenes católicos que acojan a otros jóvenes venidos de todo el mundo.

 

Conclusión

31. Nuestra esperanza, y a la vez nuestro reto para este año pastoral es el bien de los adolescentes y jóvenes cristianos, estén o no alejados de las comunidades concretas. No nos mueve otro propósito. Conocemos el grado de dificultad que esto lleva consigo. Yo no olvido el último mensaje que el Concilio Vaticano II ofreció precisamente a los jóvenes.

Con un enfoque muy interesante, que ahora recuerdo: el Concilio presenta a la Iglesia como la verdadera juventud del mundo, como la que "posee lo que hace la fuerza y el encanto de la juventud; la facultad de alegrarse con lo que comienza, de darse gratuitamente, de renovarse y de partir de nuevo para nuevas conquistas" (Mensaje del Concilio Vaticano II a los jóvenes, 18).

32. A todos os quiero decir, a los jóvenes toledanos también, que Dios marca la diferencia en la vida de los hombres y mujeres. Así ha sido desde la intimidad serena entre Dios y la pareja humana en el jardín del Edén, pasando por la gloria divina que irradiaba en la Tienda del Encuentro en medio del pueblo de Israel durante la travesía del desierto, hasta la encarnación del Hijo de Dios, que se unió indisolublemente al hombre en Jesucristo. Este mismo Jesús retoma la travesía del desierto humano pasando por la muerte para llegar a la resurrección, llevando consigo toda la humanidad a Dios. Ahora, Jesús no está encerrado en un espacio y tiempo determinado, sino que su Espíritu, el Espíritu Santo, brota de Él y entra en nuestros corazones, uniéndonos así a Jesús mismo y, con Él, al Padre, al Dios uno y Trino.

33. Dios ciertamente marca la diferencia ¡Cómo no ser, pues, optimistas de cara al trabajo pastoral con adolescentes y jóvenes en este año de gracia! Esta es la promesa que el mismo nos hizo: "Ahora hago el universo nuevo" (Ap. 21, 5). "Y es verdad -dice Benedicto XVI (Encuentro con los jóvenes en el estadio "Dos Coqueiros" en Luanda, Angola, 21 mayo 2008-: El que es de Cristo es una criatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo" (2Cor 5, 17-18).

Al subir al cielo y entrar en la eternidad, Jesucristo ha sido constituido Señor de todos los tiempos. También del nuestro. El se hace, de este modo nuestro compañero en el presente y lleva el libro de nuestros días en su mano, como describe el Apocalipsis. Es el libro del misterio Salvador de Dios, que asegura firmemente el pasado, con el origen y los fundamentos de nuestro ser; pero en esa mano de Jesucristo, El custodia con esmero el futuro, dejándonos vislumbrar el alba más bella de toda nuestra vida que de El irradia, es decir, la resurrección en Dios.

34. Rezando por este programa pastoral del curso 2010-2011, y volviendo nuestros ojos a la que tenemos ante nuestros ojos, a María, que acompaña a Cristo en el comienzo de su misión entre los hombres y mujeres, para que Ella interceda por nosotros al Padre y a su Hijo, os recuerdo a todos y os bendigo como Pastor.

 

Toledo, 8 de septiembre.

En la fiesta de la Natividad de María, la Virgen, que entre nosotros se celebra con devoción y amor como madre de Guadalupe y del Prado.

 X Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo
Primado de España

     
 

Secretariado de Pastoral Juvenil
Archidiócesis de Toledo